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La Suficiencia de Cristo | Juan 1

En un mundo de escasez, Dios nos da la suficiencia de Cristo. Cristo es la Palabra de vida que se hizo carne, Creador, Sustentador, Vida, Luz, Vencedor y quien nos da el derecho de ser hijos de Dios. Él es mayor que Moisés y la ley misma, pues es su cumplimiento y quien nos trajo el don humanamente imposible de la gracia de Dios.

La supremacía de Cristo | Mateo 2

O Cristo es Señor de todo o no lo es en absoluto. Jesús no tolerará títulos bonitos ni un buen lugar entre muchos en el panteón de nuestras lealtades idólatras. Cristo nació para ser supremo y el único gobernante de nuestros corazones. El mundo no lo aceptará con agrado, pero por mucho que se esfuerce, Jesús es y siempre será supremo, pues es Rey de reyes y Señor de señores. ¿Estás listo para entregarle tu vida?

Desentilichando la Navidad | 2 Corintios 11:1-4

Puede que sea la época más maravillosa del año, pero también la más ajetreada.
En medio de las múltiples actividades, regalos, anuncios y agendas de la temporada, es fácil olvidar el verdadero propósito de la misma. En este pasaje, Pablo nos recuerda los peligros de distraernos de la supremacía, la suficiencia y la sencillez de Jesucristo y nos motiva a fijar nuestra mirada en Cristo, el Señor.

Nuestra Morada | Salmo 90

Todo lo que la ley exigía, Cristo vino a proveerlo. Moisés era profundamente consciente de nuestra necesidad y nuestra difícil situación bajo las consecuencias del pecado. La transitoriedad de nuestras vidas y la angustia de un mundo sujeto a la decadencia son aspectos de nuestra humanidad rota que fácilmente pueden dejarnos sin esperanza. Para Moisés, sin embargo, hay un refugio, una morada que puede elevar nuestra mirada hacia Aquel que puede darnos un hogar eterno. En esta Navidad, escuchemos la invitación de este Salmo a volver a casa.

¿Quién será el próximo? | Deuteronomio 31, 34

Todas las sinfonías de nuestras vidas llegarán a su fin. No importa cuán exitosos o logrados hayamos sido, con el tiempo todos nuestros éxitos (y fracasos) pasarán a otra persona. Al llegar nuestro momento de pasar la posta, Dios quiere que terminemos con fuerza, criando una nueva generación de líderes que continúen el legado del que Dios nos invitó a ser parte. ¿Quién será el próximo?

Un Legado | Deuteronomio 7-8

El pueblo de Dios es un pueblo escogido. Elegido por Dios para llevar a cabo sus propósitos y manifestar la bondad de su gracia. Su legado asegura el cumplimiento del plan redentor de Dios. Para asegurar este legado, el pueblo de Dios debe procurar vivir de tal manera que renueve continuamente el compromiso personal y colectivo con las promesas del pacto de Dios y sus provisiones. Es este compromiso personal y colectivo con el pacto de Dios lo que conecta nuestra vida personal con el propósito eterno de Dios, dándonos significado más allá del ámbito limitado de nuestras vidas.

Una Fe | Deuteronomio 5-6

El pueblo de Dios camina por fe, no por vista. Para guiarnos, esta fe debe ser más que una simple declaración impresa en un papel. Nuestra fe debe confesarse y vivirse. En estos capítulos, Moisés muestra la esencia de nuestra confesión de fe en un solo Dios que merece ser amado y servido sin concesiones.

Una Historia – Pueblo de la Palabra | Deuteronomio 1-4

Es hora de seguir adelante. Tras un largo viaje por el desierto, finalmente llegó el momento de que la nueva generación de israelitas diera el siguiente paso hacia la tierra prometida. Aunque el camino ha sido difícil, sus experiencias en común han moldeado a una nueva generación que abraza la historia de Dios como propia. La siguiente generación después del Éxodo se convirtió en una generación moldeada por la Palabra.

El Enfrentamiento Final | Números 22-24

Números 22-24 revela la batalla que Dios debe librar para equipar a su pueblo y criar a la próxima generación de creyentes que heredarán sus promesas. Para ello, Dios debe librar una batalla en dos frentes. Primero, en el microcosmos de sus relaciones con su pueblo, Dios debe equipar, organizar y confrontar sus pecados. En el macrocosmos, Dios debe confrontar las fuerzas espirituales que buscan causar estragos y descarrilar su plan. En ambos frentes, el pueblo de Dios puede tener la seguridad de que él luchará fielmente para asegurar que su voluntad prevalezca a pesar de las oposiciones dentro de los corazones de su pueblo y fuera, en el ámbito espiritual.

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