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¿Cuán profundas son tus raíces? | Colosenses 2:6-7

Los primeros años de vida de un árbol son los más críticos. Es común que muchos árboles no crezcan mucho en altura durante sus primeros años. Sin embargo, la mayor parte del crecimiento ocurre bajo tierra. Para soportar el peso de una copa madura, un árbol debe desarrollar un sistema radicular fuerte, estable y capaz de encontrar los nutrientes y el agua necesarios para garantizar su vida. Esto también aplica a la vida espiritual. En Colosenses 2:6-7, Pablo nos recuerda que una vida profundamente arraigada es necesaria para que la edificación se lleve a cabo.

Aprendiendo a caminar | Colosenses 2:6-7

En nuestro desarrollo físico, antes de poder correr, debemos aprender a caminar. Lo mismo ocurre en la vida espiritual. Aprender a caminar lleva tiempo, pero una vez adquirida esta habilidad, se convierte en una habilidad esencial para toda la vida. De igual manera, el siguiente paso para los creyentes nacidos de nuevo, aquellos que han recibido a Cristo como Señor, es aprender a seguirlo para convertirse en discípulos y, con el tiempo, en hacedores de discípulos. En Colosenses 2:6-7, Pablo recuerda a los creyentes la importancia crucial de sus primeros pasos en su camino de toda la vida como seguidores de Jesucristo.

Madurar para multiplicar | Colosenses 2:6-7

La madurez lleva tiempo. Ya sea física o espiritual, la madurez es el hito del crecimiento saludable que la vida busca para multiplicarse. Aunque la madurez lleva tiempo, la espera vale la pena. Dios ha dotado a los seres vivos con su capacidad de dar vida. Este don de vida es el desbordamiento del amor de Dios sobre sus criaturas. Esperar esta madurez a veces parece ineficiente o ineficaz, pero es en los tiempos de espera que Dios nos prepara para el siguiente estirón de crecimiento. En Colosenses 2:6-7, Pablo nos da un camino claro hacia la madurez y la multiplicación, donde los creyentes se convierten en discípulos y los discípulos en hacedores de discípulos. ¿Es esto lo que has estado esperando?

El Preeminente | Colosenses 1:15-23

Cristo es supremo y suficiente en nuestras vidas. Este es simplemente el mensaje del Evangelio, pues en todo Cristo debe ser preeminente para quienes lo llaman Señor y Salvador. Que esta Navidad sea un momento para reflexionar en el misterio de Aquel que es nuestro todo en todo, Luz del mundo, Vida y Amor.

La Suficiencia de Cristo | Juan 1

En un mundo de escasez, Dios nos da la suficiencia de Cristo. Cristo es la Palabra de vida que se hizo carne, Creador, Sustentador, Vida, Luz, Vencedor y quien nos da el derecho de ser hijos de Dios. Él es mayor que Moisés y la ley misma, pues es su cumplimiento y quien nos trajo el don humanamente imposible de la gracia de Dios.

La supremacía de Cristo | Mateo 2

O Cristo es Señor de todo o no lo es en absoluto. Jesús no tolerará títulos bonitos ni un buen lugar entre muchos en el panteón de nuestras lealtades idólatras. Cristo nació para ser supremo y el único gobernante de nuestros corazones. El mundo no lo aceptará con agrado, pero por mucho que se esfuerce, Jesús es y siempre será supremo, pues es Rey de reyes y Señor de señores. ¿Estás listo para entregarle tu vida?

Desentilichando la Navidad | 2 Corintios 11:1-4

Puede que sea la época más maravillosa del año, pero también la más ajetreada.
En medio de las múltiples actividades, regalos, anuncios y agendas de la temporada, es fácil olvidar el verdadero propósito de la misma. En este pasaje, Pablo nos recuerda los peligros de distraernos de la supremacía, la suficiencia y la sencillez de Jesucristo y nos motiva a fijar nuestra mirada en Cristo, el Señor.

Nuestra Morada | Salmo 90

Todo lo que la ley exigía, Cristo vino a proveerlo. Moisés era profundamente consciente de nuestra necesidad y nuestra difícil situación bajo las consecuencias del pecado. La transitoriedad de nuestras vidas y la angustia de un mundo sujeto a la decadencia son aspectos de nuestra humanidad rota que fácilmente pueden dejarnos sin esperanza. Para Moisés, sin embargo, hay un refugio, una morada que puede elevar nuestra mirada hacia Aquel que puede darnos un hogar eterno. En esta Navidad, escuchemos la invitación de este Salmo a volver a casa.

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